¿Innovación, robo o cambio laboral? IA, copyright y la urgencia del upskilling y reskilling
Is AI driving innovation or rewriting the rules for its own benefit? We dive into the heated debate over copyright, the truth about "fair use," and how creators can upskill to thrive. Don’t get left behind—read the full story!
Hoy nos adentramos en uno de los debates más intensos de nuestra era tecnológica: cómo las empresas de IA están manejando las leyes de derechos de autor. ¿Están impulsando una "innovación sin precedentes" o simplemente reescribiendo las reglas para su propio beneficio? Y más allá de eso: ¿Qué significa esto para los creadores y cómo pueden adaptarse? Vamos por partes.
Recientemente, OpenAI y Google presionaron al gobierno de EE. UU. para clasificar el entrenamiento de modelos de IA con datos protegidos por derechos de autor como "uso legítimo" (fair use), es decir, para flexibilizar las reglas de propiedad intelectual. ¿Su argumento? Limitar el entrenamiento de la IA con materiales protegidos podría frenar el desarrollo tecnológico del país y dejarlo rezagado frente a rivales como China.
OpenAI llegó a publicar que su propuesta "puede fortalecer el liderazgo de Estados Unidos en IA y, al hacerlo, desbloquear el crecimiento económico, asegurar la competitividad y proteger la seguridad nacional".
Sin embargo, las Big Tech parecen tener un doble estándar. En 2011, Google pagó 12.500 millones de dólares por las patentes de Motorola. ¿Por qué un gigante tecnológico está dispuesto a pagarle a una corporación pero no a los creadores individuales? Hay algo que no cierra.
A esto se suma que la Unión Europea está instando a las grandes tecnológicas a compartir resúmenes detallados de los datos utilizados para entrenar sus modelos. Lamentablemente, las empresas se niegan rotundamente. Si realmente creen que sus modelos se entrenan de forma justa y ética, ¿por qué esa resistencia a levantar el telón?
Más allá de la batalla legal, este es un momento decisivo para los creativos. La IA llegó para quedarse. ¿Quedarán los creadores en el camino o apostarán por el upskilling y reskilling para trabajar a la par de ella? Y hablando de reskilling: ¿Quién lo está haciendo realmente? Todo el mundo habla de "nuevas descripciones de puestos", pero ¿dónde están esos empleos? ¿Quién se asegura de que los trabajadores desplazados logren reinsertarse con éxito?
Thomas Wolf, cofundador de la startup de IA Hugging Face, es una de las pocas voces que aboga por la apertura, aunque sabe que no todos están dispuestos a seguir ese camino. "Es difícil saber cómo resultará. Todavía hay mucho por decidir", admitió.
¿Qué es, en realidad, el "uso legítimo"?
Pero primero lo primero. ¿A qué se refieren exactamente empresas como OpenAI y Google cuando hablan de fair use? Porque, por lo que vemos, su definición resulta un tanto... conveniente.
Según el Stanford Copyright & Fair Use Center, el uso legítimo ocurre cuando la obra original se utiliza de una manera que genera "nueva información, una nueva estética o nuevas perspectivas y comprensiones", como en la crítica o el comentario. En otras palabras, el uso legítimo debe ser transformador.
Pero usar contenido protegido para entrenar algoritmos no añade nada nuevo por sí mismo. Simplemente alimenta la máquina sin ofrecer algo fresco a cambio.
Hace apenas unos días, Studio Ghibli se vio envuelto en este caos luego de que los fans detectaran trailers generados por IA que imitaban su icónico estilo artesanal. Internet estalló. Incluso Sam Altman, CEO de OpenAI, puso en su perfil de X un avatar creado con esta función.
La artista Karla Ortiz, quien lidera demandas contra generadores de imágenes por infracción de derechos de autor, argumentó que es "otro ejemplo claro de cómo a empresas como OpenAI no les importa el trabajo de los artistas ni su sustento".
La obra de Ghibli es el resultado de décadas de maestría, algo que ningún algoritmo puede fingir. Si la IA puede tomar el trabajo de leyendas como ellos sin pensarlo dos veces, ¿qué oportunidad tienen los pequeños creadores de protegerse?
Una IA justa para los creadores
¿Cómo protegemos a los creadores cuando los sistemas de IA usan su trabajo sin pagarles un centavo? Un enfoque es el cumplimiento estricto del copyright. Otro es empoderar a los creadores para que se adapten.
Tomemos como ejemplo a Fairly Trained, un proyecto dedicado a construir modelos de IA transparentes entrenados con el consentimiento de los autores. Y más allá del activismo, hay otro camino: aprender a trabajar con la IA.
Los músicos están experimentando con producción asistida por IA.
Los escritores usan herramientas de IA para edición e ideación.
Los diseñadores integran elementos generados por IA en su proceso creativo.
Todos ellos están desarrollando una nueva habilidad: la capacidad de apalancarse en la IA como una herramienta en lugar de ser opacados por ella.
El uso legítimo empieza por jugar limpio
¿Innovación? Genial. ¿Competencia internacional? Válido. Pero si queremos que las reglas sean justas, hay que empezar por cumplirlas. Si los gobiernos permiten que las Big Tech tuerzan estas normas, el impacto será masivo: músicos, escritores, cineastas y diseñadores quedarán desprotegidos.
La verdad es que los creadores deberían recibir una compensación cuando su trabajo entrena a una IA. Pensemos en las plataformas de streaming: Spotify no añade música indiscriminadamente; hace acuerdos, paga a las discográficas y compensa a los artistas. La IA debería hacer lo mismo. Hasta entonces, es una zona liberada donde quienes realmente crean el contenido no reciben nada a cambio.
Para los países, la IA es también una cuestión de soberanía nacional. Si EE. UU. construye los modelos de los que todos dependen, ¿qué pasará cuando esos modelos tengan un precio? ¿Pagará el resto del mundo solo para no quedarse atrás? Los países que no desarrollen su propia tecnología estarán a merced de quienes sí lo hagan.
El futuro de la IA no debería construirse a expensas de la creatividad, pero la creatividad debe evolucionar para mantenerse vigente. Si las Big Tech quieren reclamar el "uso legítimo", tienen que empezar por jugar limpio. De lo contrario, solo estaremos construyendo nuestras propias prisiones digitales y pagando alquiler por estar dentro.




